Los tres cuadernos que como este concebí para contar historias más allá de mí, se suspenderán repentinamente, S y E. En algún lado dejaré los libros y notas de donde saldrían y ustedes irán a ellos si quieren. Espero sean bocetos con una mínima capacidad para descubrirles grandes mundos.
A cambio, si hay posible compensación y no simple pretexto, cumplo con volver uno lo diverso.
-0-
Hablando de mi personaje en la red social dije una de esas frases que se creen afortunadas y sirven de referencia en los cuadernos, Ohsis: Uno se construye varias veces frente al espejo propio y ajeno, hasta que resulta irreconocible. Justo entonces empieza a ser cierto.
La declaración hace sentido cuando redondeo mi primer personaje virtual. Tengo varios, incluyendo este que por las noches habla a su Inesperada, y aquél me hace parecer un tipo activo y comprometido, con muchas hermanitas y hermanitos. Hoy el tal, a las 9:22 am del viernes 27 de mayo de 2016, debería prepararse para la marcha cuya importancia se mide por el desalojo de seis días atrás.
No estuve allí y sí horas después cuadras más allá, acompañando a mi viejo, famoso carnal, y luego con Mario, el joven hermanito. Cumplí así dos modestos papeles que no se completaron pues falló el compañero del norte a quien pedimos dar una charla sobre la lucha de los jornaleros campesinos.
Antes y en medio las fuerzas públicas formales cayeron aquí y allá sobre quienes hoy y tras tres años de lucha parecen conducirnos al destino esperado, y nosotros, pequeños, secundarísimos actores, entretanto dábamos pasos hacia donde hace tiempo creo tenemos que ir.
El yo que según la frase empiezo a ser cierto, comenzó el día preocupado por su futuro económico, intrascendente una hora después porque mi personaje principal apuesta al estallido que hasta ayer pensaba llegaría en dos años.
Me perdí la crónica de nuestra primavera en 2012. Esta vez no será así.
-0-
Extraño con dolor el pasado, cuando no estaba en los margenes sino muy dentro. Su regreso estuvo siempre a la mano para continuarlo. ¿Hay modo todavía?
-0-
PASAR NOTA MANUSCRITA SOBRE INICIO DE LA MARCHA.
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Paro. Después de ese apunte en la banqueta, encontré a las hermanitas y hermanitos entre los miles que han de serlo a su manera.
El sol parecía un maldito más hasta alcanzar el bosque al cual estaba seguro no llegaríamos. ¿Que hizo al poder comedirse, guardando a sus brutos en uniforme, muy activos y soberbios durante las últimas semanas? ¿La decidida resistencia en el sur? Ayer aparecieron dos videos conmovedores: golpeado sin reparos una y otra vez, un pueblo cada vez más grueso grito ¡Basta; de morir o vivir va el asunto!, ¿entendieron?
¿Los malos preparan una nueva noche de Iguala, multiplicada?
-0-
Los hermanitos y hermanitas dimos el primer paso hacia lo nuevo acercándonos al campo y a la defensa contra el avance territorial en esta ciudad.
Se trata de probar cualquier recurso a la mano y el martes me esforcé para que otros entendieran que sin las organizaciones sociales no hay historia. Fracaso absoluto, les dije Adios e insisten creyendo entendí mal.
Continuaremos el lento, seguro camino hacia el campo, mientras demanda lo que la marcha mostró elocuentemente.
-0-
¿Y la crónica de lo que sucede en las calles? Otra vez quedaré a deber, nietos. Con el cuaderno estoy a mano, mostrando apenas lo necesario.
¿Llegamos a final en Para morir...? No, falta reunir a los actores.
Empecé en 1972 ante una marcha ferrocarrilera que me contó entre los gritones, al sur de nuestro país. Luego les hice ir donde creció mi abuelo, tras un océano, y en ambos costados apareció Brian O´Donnell como una de las dos licencias literarias que me permití con sus paisanos. Y así, para frecuentar insistentemente el Santo Lugar.
¿Tenemos algo que ofrecer unos a otros, así la absoluta mayoría estén muertos? Para empezar, el derecho al recuerdo, y si hay un suerte, la resurrección. Mi abuelo vive en casa, me acompañó al Niger, juega futbolitos con ustedes, vuelve a su pueblo cuando le parece se promete vindicar la vieja derrota.
Luchamos por los muertos, antes que nada, dijo un gran tipo, y ellos de ese modo en pie lo hacen por ustedes.
A este segundo abuelo, el suyo, E y S, le queda poco, ofrece. Sirvió como puente, confía, y ahora busca un lugar entre quienes quedan en la memoria silenciosamente.
Devuélvanme la vida cuando llegue su hora, ¿sí?
sábado, 28 de mayo de 2016
lunes, 23 de mayo de 2016
Primavera y años cero
Este es uno de los cuadernos en que sobra material a pasto, S y E, y no terminamos de seleccionar lo poco más por sumarle. De súbito le cae una inesperada tarea extra: la ilustración de cómo se resiste últimamente en nuestra Red de agujeros.
Primavera 2012
I
Si un reconocido escritor argentino tiene razón,
basta el día.
Hoy el mundo se redujo a un par de charlas en puntos de diverso modo distantes entre sí. Para la primera llego medio hora antes. Pocos años atrás me pagaron por dar una serie en el lugar, el fracaso de los organizadores fue rotundo y no me sorprende que el policía a la entrada del auditorio diga No hay nada de eso programado, váyase a su casa. Luego de intentar inutilmente bien tratarlo, lo presionó: Convinimos el acto con el poder central de esta área de la ciudad. Hace unas llamadas, parece que en efecto, pero no hay documento oficial.
Espero, al fondo se escucha uno de los antiquísimos actos cívicos con los cuales las escuelas deben colaborar, y el partido parlamentario de izquierda lleva quince años ya al frente de la demarcación. Aparecen unos setenta adolescentes con un par de maestros. Aquí entonces, pienso, total nulidad de nuestro esfuerzo por desacralizar la historia, que produce una veintena de eventos en tres días. Casi rezo porque el documento no venga: pobres estudiantes y pobre yo. De una buena vez se abren las puertas, en el camino hago cuanto puedo para que se borre todo tono formal y cuando la funcionaria se presenta a la carrera no hay ceremonia posible.
El discurso debe ser distinto al que preparé y por hora y media los gestos son de atención, divertidos o preocupados. Los maestros intervienen en el remate. Se trata de profesionales que se entregan a sus alumnos. No sé cuánto de la miscelánea que suelto recogió el auditorio y salgo hecho un montón de eufóricas dudas, con el convencimiento de que no mentí: este pueblo es cualquier cosa menos indolente. ¿Sí?
Hoy el mundo se redujo a un par de charlas en puntos de diverso modo distantes entre sí. Para la primera llego medio hora antes. Pocos años atrás me pagaron por dar una serie en el lugar, el fracaso de los organizadores fue rotundo y no me sorprende que el policía a la entrada del auditorio diga No hay nada de eso programado, váyase a su casa. Luego de intentar inutilmente bien tratarlo, lo presionó: Convinimos el acto con el poder central de esta área de la ciudad. Hace unas llamadas, parece que en efecto, pero no hay documento oficial.
Espero, al fondo se escucha uno de los antiquísimos actos cívicos con los cuales las escuelas deben colaborar, y el partido parlamentario de izquierda lleva quince años ya al frente de la demarcación. Aparecen unos setenta adolescentes con un par de maestros. Aquí entonces, pienso, total nulidad de nuestro esfuerzo por desacralizar la historia, que produce una veintena de eventos en tres días. Casi rezo porque el documento no venga: pobres estudiantes y pobre yo. De una buena vez se abren las puertas, en el camino hago cuanto puedo para que se borre todo tono formal y cuando la funcionaria se presenta a la carrera no hay ceremonia posible.
El discurso debe ser distinto al que preparé y por hora y media los gestos son de atención, divertidos o preocupados. Los maestros intervienen en el remate. Se trata de profesionales que se entregan a sus alumnos. No sé cuánto de la miscelánea que suelto recogió el auditorio y salgo hecho un montón de eufóricas dudas, con el convencimiento de que no mentí: este pueblo es cualquier cosa menos indolente. ¿Sí?
Para mi asombro, las y los jóvenes ni sudan ni
se acongojen cuando inicio con un Contra el discurso de las instituciones. A los ojos de la mayoría la idea de México como nación es una pedestre soga el cuello. El par
de profesores sufre por ello, formados en la Suave patria sin la cual no existen, y aman a esos
chamacos ante quienes a la personal usanza cedo por entero, haciéndolos poseedores
de cuanta verdad vale la pena. Y así la nación no es el país sino la tribu,
envuelta en preferencia sexual si da identidad como minoría.
Mis creencias sirven sólo como pie para lo que
atestiguo o parezco atestiguar y, siempre desorientado, hace unos días le
compartía a un amigo la sensación de que ante las próximas, importansísimas
elecciones, los y las estudiantes de universidades públicas tienden al
abstencionismo y no por llano desinterés. Si es cierto lo que escucho o digo
escuchar en el auditorio, atino y de alguna manera me congratulo. Lo hago por
mantener la convicción en los más cómo fuente de sabiduría, nobleza, empeño.
¿Sólo por seguir sintiéndome vivo?
Trueno contra el México necio en mantener a los partidos de derecha creyendo falsamente sin duda que el alto porcentaje que no vota se expresa contra el sistema en su conjunto, dentro de una larga tradición de absoluto rechazo a los políticos que por naturaleza medran de la más delirante manera.
Entre las mayorías, insisto en pensar, clase pública es sinónimo de ladrón aprovechándose de ellas a lo vil, y le tienen sin cuidado cuanto suceda en las instituciones ayer, hoy y mañana, sin exceptuar lo que se cacarea como transición a la democracia. Sacar de allí lo poquito posible, reza su único principio en el tema. Y eso incluye a quienes se autoetiquetan de izquierda.
¿Distinguen al cuadro del viejo régimen, salido de sus pueblos y colonias, del militante que inició luchando por el cambio y devino en un usufructuario de la gestoría de necesidades sociales? Los visita todos los días o sigue siendo su vecino, lo llaman por su apodo e intercambian con él bromas y cuitas, pero lo saben un aprovechado o un listo que hizo carrera, ni más ni menos que los antiguos miembros del partido oficial.
Pero eso anda en un rincón apartado de la cabeza durante el viaje en metrobús, para admirar a la colección de don Nadies que hace tiempo debieron ahogarse en el vacío de oxígeno al cual se los condena. La vida de cada uno y una está sustentada en un extraordinario sacrificio. De él nacen los arrestos para con mucha más frecuencia de lo supuesto ponerse cara a cara con el poder.
Discurseo, consciente e inconscientemente. Desde hace meses apuesto con otras y otros muchos a un movimiento que volvió inoperante el juego tribal rumbo a la disputa por la presidencia de la república, con la animación de las más sanos motivos, y vengo a encontrarme con la dinámica tradicional en los miles de puestos que restan y la imposición de una nueva, férrea estructura de arriba abajo, filtrada por el dinero y las expectativas personales, en el propio movimiento.
Trueno contra el México necio en mantener a los partidos de derecha creyendo falsamente sin duda que el alto porcentaje que no vota se expresa contra el sistema en su conjunto, dentro de una larga tradición de absoluto rechazo a los políticos que por naturaleza medran de la más delirante manera.
Entre las mayorías, insisto en pensar, clase pública es sinónimo de ladrón aprovechándose de ellas a lo vil, y le tienen sin cuidado cuanto suceda en las instituciones ayer, hoy y mañana, sin exceptuar lo que se cacarea como transición a la democracia. Sacar de allí lo poquito posible, reza su único principio en el tema. Y eso incluye a quienes se autoetiquetan de izquierda.
¿Distinguen al cuadro del viejo régimen, salido de sus pueblos y colonias, del militante que inició luchando por el cambio y devino en un usufructuario de la gestoría de necesidades sociales? Los visita todos los días o sigue siendo su vecino, lo llaman por su apodo e intercambian con él bromas y cuitas, pero lo saben un aprovechado o un listo que hizo carrera, ni más ni menos que los antiguos miembros del partido oficial.
Pero eso anda en un rincón apartado de la cabeza durante el viaje en metrobús, para admirar a la colección de don Nadies que hace tiempo debieron ahogarse en el vacío de oxígeno al cual se los condena. La vida de cada uno y una está sustentada en un extraordinario sacrificio. De él nacen los arrestos para con mucha más frecuencia de lo supuesto ponerse cara a cara con el poder.
Discurseo, consciente e inconscientemente. Desde hace meses apuesto con otras y otros muchos a un movimiento que volvió inoperante el juego tribal rumbo a la disputa por la presidencia de la república, con la animación de las más sanos motivos, y vengo a encontrarme con la dinámica tradicional en los miles de puestos que restan y la imposición de una nueva, férrea estructura de arriba abajo, filtrada por el dinero y las expectativas personales, en el propio movimiento.
Escribo eso el cinco de mayo de 2012 y no
imagino en absoluto lo que enseguida sucederá.
II
Soy incapaz de reconstruir lo que continúa en los siguientes meses. Perdonarán entonces, nietos, que cambie las palabras por una extraordinaria serie de fotografías.
Antes aclaro: cuatro después iniciaré un libro contra la desmemoria. Aquí su inicio:
Nunca vi generación más activa en el país que la presente, sobre todo por la emergencia de las mujeres como figuras protagónicas.
Paso los días entre ella y sólo una cosa me duele: su desmemoria, inculcada cuidadosamente por el sistema.
No tiene caso hablarle de derechos laborales, pongamos, pues vive en la flexibilidad absoluta. ¿Reparto agrario, cuál y para qué?, pensarán contemplando un campo tradicional derruido por completo, si se le mal mira. De la educación pública y gratuita en todos los niveles percibe los ataques que recibe y no estoy seguro si pregunta por el origen, divino, quizá. Etcétera.
La línea histórica en su cabeza inicia con el 2 de octubre de 1968 y así un movimiento estudiantil recordado por sangriento y nada más. De allí pasa a la Guerra Sucia, que convierte a los movimientos guerrilleros en meros, nuevos brutales excesos del poder, y borra el ascenso de las luchas populares en los años 1970 y 1980.
Así deduce que nada bueno puede buscarse atrás, incluida la Revolución, simple derrota de sueños, y pierde las animadas, decisivas décadas 1920 y 1930.
"Tiremos la casa", se llama un poema que escuché entre las y los jóvenes. La hicieron los padres y abuelos con amor y empeño, dice, y fue convertida por otros en un monstruo.
Tiene razón. Debería empezarse de cero y es imposible, empezando porque la propia nueva generación lleva el pasado dentro y lo repite. Preguntemos a su machismo, por ejemplo, o a los vaya a saberse cuantos menores de veinticinco años que se contratan como traficantes, sicarios o secuestradores. El futuro que espera mejor olvidémoslo, recordando a esos niños de segundo grado en la educación básica atacando a una compañerita porque "juegan a ser violadores".
-0-
Desmemoria, digo refiriéndome a la de las y los jóvenes, y en mi propio caso es tan grave que casi extravío esos apenas cuatro años atrás. Van pues sus registros fotográficos.
(DEJEN QUE RESCATE MI VIEJO DISCO DURO, ¿SÍ?, JEJE)
Años cero
Los nombro así, cero, pues llegarán al límite de la infamia haciendo posible el despertar. La casa del horror da cuenta de ellos hasta 2015 y si quedaba duda sobre cuánto el piso bajo nosotrxs cede cada vez al creer que topamos fondo, se disipa hoy, mayo, 2016.
Los números terminan de importar. Llegada cierta cifra la multiplicación algebraica es certeza en adelante, hasta que algo lo impida o no.
Entre veinticuatro y veintiocho millones de personas fueron capturadas en el África negra por las primeras etapas coloniales. Eso equivale a la población de la Europa feliz tras el Renacimiento. Ni el exterminio nazi se le compara mínimante, y ambos hecatombes deliberadas y muchas otras antes y después bien pudieron seguir hasta la conversión de continentes enteros en desiertos.
Sí, los números terminan por no decir nada, pues en potencia involucran a todas y todos.
Antes aclaro: cuatro después iniciaré un libro contra la desmemoria. Aquí su inicio:
Nunca vi generación más activa en el país que la presente, sobre todo por la emergencia de las mujeres como figuras protagónicas.
Paso los días entre ella y sólo una cosa me duele: su desmemoria, inculcada cuidadosamente por el sistema.
No tiene caso hablarle de derechos laborales, pongamos, pues vive en la flexibilidad absoluta. ¿Reparto agrario, cuál y para qué?, pensarán contemplando un campo tradicional derruido por completo, si se le mal mira. De la educación pública y gratuita en todos los niveles percibe los ataques que recibe y no estoy seguro si pregunta por el origen, divino, quizá. Etcétera.
La línea histórica en su cabeza inicia con el 2 de octubre de 1968 y así un movimiento estudiantil recordado por sangriento y nada más. De allí pasa a la Guerra Sucia, que convierte a los movimientos guerrilleros en meros, nuevos brutales excesos del poder, y borra el ascenso de las luchas populares en los años 1970 y 1980.
Así deduce que nada bueno puede buscarse atrás, incluida la Revolución, simple derrota de sueños, y pierde las animadas, decisivas décadas 1920 y 1930.
"Tiremos la casa", se llama un poema que escuché entre las y los jóvenes. La hicieron los padres y abuelos con amor y empeño, dice, y fue convertida por otros en un monstruo.
Tiene razón. Debería empezarse de cero y es imposible, empezando porque la propia nueva generación lleva el pasado dentro y lo repite. Preguntemos a su machismo, por ejemplo, o a los vaya a saberse cuantos menores de veinticinco años que se contratan como traficantes, sicarios o secuestradores. El futuro que espera mejor olvidémoslo, recordando a esos niños de segundo grado en la educación básica atacando a una compañerita porque "juegan a ser violadores".
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Desmemoria, digo refiriéndome a la de las y los jóvenes, y en mi propio caso es tan grave que casi extravío esos apenas cuatro años atrás. Van pues sus registros fotográficos.
(DEJEN QUE RESCATE MI VIEJO DISCO DURO, ¿SÍ?, JEJE)
Años cero
Los nombro así, cero, pues llegarán al límite de la infamia haciendo posible el despertar. La casa del horror da cuenta de ellos hasta 2015 y si quedaba duda sobre cuánto el piso bajo nosotrxs cede cada vez al creer que topamos fondo, se disipa hoy, mayo, 2016.
Los números terminan de importar. Llegada cierta cifra la multiplicación algebraica es certeza en adelante, hasta que algo lo impida o no.
Entre veinticuatro y veintiocho millones de personas fueron capturadas en el África negra por las primeras etapas coloniales. Eso equivale a la población de la Europa feliz tras el Renacimiento. Ni el exterminio nazi se le compara mínimante, y ambos hecatombes deliberadas y muchas otras antes y después bien pudieron seguir hasta la conversión de continentes enteros en desiertos.
Sí, los números terminan por no decir nada, pues en potencia involucran a todas y todos.
miércoles, 9 de marzo de 2016
Santa Utopía
De plúmbago, sin amenazas, las nubes casi al alcance de la mano corren rápidas en el día que suda sobre el caserío, donde la sal de mar hace cuatro siglos estampa su huella. Por la vía del tren, entre un millar de paisanos en alharaca, dos costeñas maduras, firmes, desparpajadas, se regodean en los gritos:
-¡Huevo de gallina, no de granja! ¡En Espinal hay hombres, no chingaderas! -refiriéndose al hombre pequeñito, de voz aflautada que acaba de salir de prisión y encabeza la marcha: Demetrio Vallejo.
Es el sábado 12 de mayo de 1972 y cuantos hay allí llevan un mucho acunadas y otro mucho a cuestas dos o tres décadas de trabajos por Utopia, que no está en el santoral ni tiene altares en la Iglesia de Salinas Cruz, cuya torre domina la vista, ni en ninguna más del Istmo de Tehuantepec, del resto del estado de Oaxaca o donde sea en el México de tercos rezos por ella apenas Hernán Cortés terminó su obra. A comienzos de 1959 ese par de mujeres sin duda estaba entre quienes defendían del ejército el local del sindicato ferrocarrilero, cabeza del gran esfuerzo de trabajadores y trabajadoras por deshacerse del monstruoso aparato corporativo construido para ellos.
- 0 -
Una mañana de otoño de 2009, en Saltillo comparto un cuarto de hotel con Alfredo Domínguez, un antiguo trabajador de la metalmecánica que lleva medio siglo organizando luchas sindicales y a quien conocí en los tiempos de aquélla marcha ferrocarrilera. Sin duda sabe cuánto lo respeto y mientras nos vestimos vuelvo a dar gracias por la oportunidad de estar de nuevo con él y su gente.
Le hablo del desbordado optimismo que vino el día anterior en la conmemoración de treinta y cinco años de la ejemplar lucha de CINSA-CIFUNSA en esta ciudad, y de las charlas con Nelly Herrera, con María, su hermana y la hermana de Isaías.
-Almirante -le digo-, esas mujeres parecen cristianas primitivas. Ni su abuela las detendrá jamás en la búsqueda de la utopía.
Sonríe de esa especial, como misteriosa manera qué tiene, y suelta una de sus geniales frases:
-Llegará un día en que los cristianos se coman a los leones.
Es el sábado 12 de mayo de 1972 y cuantos hay allí llevan un mucho acunadas y otro mucho a cuestas dos o tres décadas de trabajos por Utopia, que no está en el santoral ni tiene altares en la Iglesia de Salinas Cruz, cuya torre domina la vista, ni en ninguna más del Istmo de Tehuantepec, del resto del estado de Oaxaca o donde sea en el México de tercos rezos por ella apenas Hernán Cortés terminó su obra. A comienzos de 1959 ese par de mujeres sin duda estaba entre quienes defendían del ejército el local del sindicato ferrocarrilero, cabeza del gran esfuerzo de trabajadores y trabajadoras por deshacerse del monstruoso aparato corporativo construido para ellos.
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Una mañana de otoño de 2009, en Saltillo comparto un cuarto de hotel con Alfredo Domínguez, un antiguo trabajador de la metalmecánica que lleva medio siglo organizando luchas sindicales y a quien conocí en los tiempos de aquélla marcha ferrocarrilera. Sin duda sabe cuánto lo respeto y mientras nos vestimos vuelvo a dar gracias por la oportunidad de estar de nuevo con él y su gente.
Le hablo del desbordado optimismo que vino el día anterior en la conmemoración de treinta y cinco años de la ejemplar lucha de CINSA-CIFUNSA en esta ciudad, y de las charlas con Nelly Herrera, con María, su hermana y la hermana de Isaías.
-Almirante -le digo-, esas mujeres parecen cristianas primitivas. Ni su abuela las detendrá jamás en la búsqueda de la utopía.
Sonríe de esa especial, como misteriosa manera qué tiene, y suelta una de sus geniales frases:
-Llegará un día en que los cristianos se coman a los leones.
jueves, 3 de marzo de 2016
Volveremos
"Camaradas, soldados rojos: aquí
ante vosotros, sin ningún temor, seguros de que hemos sabido cumplir el mandato
que nos habéis confiado, venimos a daros cuenta de la triste situación en que
ha caído nuestro glorioso movimiento insurreccional. Vamos a daros cuenta de
las conversaciones sostenidas por nosotros con el general del ejército enemigo,
así como de las bases propuestas por éste y que debemos aceptar si queremos la
paz.
"Tened en cuenta, queridos camaradas, que nuestra situación no es otra que la de un ejército vencido. Vencido momentáneamente. Todos, absolutamente todos, hemos sabido responder como corresponde a trabajadores revolucionarios. "Socialistas, comunistas, anarquistas y obreros sin partido, empuñamos las armas para luchar contra el capitalismo el 5 de octubre, fecha memorable para el proletariado de Asturias.
"No somos culpables del fracaso de la insurrección, puesto que en esta región hemos sabido interpretar el sentir de la clase trabajadora, que ha sabido demostrar su voluntad con hechos concretos. No sabemos quién o quiénes han sido los culpables del fracaso de nuestro movimiento. El tiempo permitirá que todo esto se ponga en claro. Lo que si podemos decir es que en el resto de las provincias los trabajadores no han respondido como era su deber. Y ante esta abstención, el Gobierno ha podido combatirnos, no sin antes tener que movilizar cerca de cuarenta mil hombres armados con los medios de guerra más modernos y perfeccionados.
"Sólo nuestra región resiste y lucha contra el ejército y el Gobierno de la burguesía. El resto de la península no da señales de vida en lo que a la insurrección se refiere, si bien en algunas provincias ha sido declarada la huelga general, pero sin pasar a más.
La lucha no se ha planteado como las necesidades exigían. Existía y existe el temor de coger las armas, y este temor, por no llamarlo traición, es el que ha determinado precisamente el fracaso de nuestro movimiento, tan valientemente y con tanto heroísmo sostenido aquí por espacio de quince días. Tenemos fusiles, ametralladoras y cañones, pero nos falta lo esencial, que son las municiones. No disponemos de un solo cartucho. En nuestros frentes los soldados rojos se ven obligados a sostener el avance enemigo, empleando para ello la dinamita. Sólo con esto pueden los soldados rojos tener a raya al ejército adversario. Como comprenderéis, esta situación no se puede prolongar un día más, pues disponerse a resistir significa el ser copados por nuestros enemigos y ser pasados a cuchillo. Ninguna ayuda podemos esperar del proletariado del resto de la península, ya que éste no es más que un mero espectador del movimiento de Asturias, y ante esta situación no es posible seguir luchando por más tiempo con las armas en la mano.
"La artillería enemiga está emplazada y dispuesta a destruir nuestros pueblos. Nadie mejor que nosotros puede saber los estragos causados por la aviación. Si reflexionamos sin apasionamiento, veremos que sólo se nos ofrece un camino: organizar la paz. Para ello hemos consultado a los Comités Revolucionarios existentes, así como a los jefes de grupo, que se han reunido en los campos de batalla y han dado su opinión. El acuerdo adoptado por unos y otros, junto con el Comité Regional, ha sido el de tramitar la paz. Así se ha hecho y he aquí las bases presentadas por el general López Ochoa."
"Tened en cuenta, queridos camaradas, que nuestra situación no es otra que la de un ejército vencido. Vencido momentáneamente. Todos, absolutamente todos, hemos sabido responder como corresponde a trabajadores revolucionarios. "Socialistas, comunistas, anarquistas y obreros sin partido, empuñamos las armas para luchar contra el capitalismo el 5 de octubre, fecha memorable para el proletariado de Asturias.
"No somos culpables del fracaso de la insurrección, puesto que en esta región hemos sabido interpretar el sentir de la clase trabajadora, que ha sabido demostrar su voluntad con hechos concretos. No sabemos quién o quiénes han sido los culpables del fracaso de nuestro movimiento. El tiempo permitirá que todo esto se ponga en claro. Lo que si podemos decir es que en el resto de las provincias los trabajadores no han respondido como era su deber. Y ante esta abstención, el Gobierno ha podido combatirnos, no sin antes tener que movilizar cerca de cuarenta mil hombres armados con los medios de guerra más modernos y perfeccionados.
"Sólo nuestra región resiste y lucha contra el ejército y el Gobierno de la burguesía. El resto de la península no da señales de vida en lo que a la insurrección se refiere, si bien en algunas provincias ha sido declarada la huelga general, pero sin pasar a más.
La lucha no se ha planteado como las necesidades exigían. Existía y existe el temor de coger las armas, y este temor, por no llamarlo traición, es el que ha determinado precisamente el fracaso de nuestro movimiento, tan valientemente y con tanto heroísmo sostenido aquí por espacio de quince días. Tenemos fusiles, ametralladoras y cañones, pero nos falta lo esencial, que son las municiones. No disponemos de un solo cartucho. En nuestros frentes los soldados rojos se ven obligados a sostener el avance enemigo, empleando para ello la dinamita. Sólo con esto pueden los soldados rojos tener a raya al ejército adversario. Como comprenderéis, esta situación no se puede prolongar un día más, pues disponerse a resistir significa el ser copados por nuestros enemigos y ser pasados a cuchillo. Ninguna ayuda podemos esperar del proletariado del resto de la península, ya que éste no es más que un mero espectador del movimiento de Asturias, y ante esta situación no es posible seguir luchando por más tiempo con las armas en la mano.
"La artillería enemiga está emplazada y dispuesta a destruir nuestros pueblos. Nadie mejor que nosotros puede saber los estragos causados por la aviación. Si reflexionamos sin apasionamiento, veremos que sólo se nos ofrece un camino: organizar la paz. Para ello hemos consultado a los Comités Revolucionarios existentes, así como a los jefes de grupo, que se han reunido en los campos de batalla y han dado su opinión. El acuerdo adoptado por unos y otros, junto con el Comité Regional, ha sido el de tramitar la paz. Así se ha hecho y he aquí las bases presentadas por el general López Ochoa."
Volveremos para triunfar, dijo el abuelo Belarmino. Lo harían menos de dos años después. Luego...
domingo, 24 de enero de 2016
Pueblo sombra
En el ancestral universo secreto del pueblo y dentro de la revolución que para 1890 está en curso, van nuevos modos de pensar, lenguajes, actitudes, geografías que el poder político y económico no descifra y que a veces no advierte siquiera. Es ese universo el que da sentido al abuelo Belarmino, quien se moverá por sus vericuetos como muy pocos, en uso de las virtudes y ventajas del pueblo oculto, surgiendo desde la nada exclusivamente si necesita, para mejor tomar de sorpresa a sus enemigos.
Pueblo sombra, pues, tanto más cazador furtivo cuanto más se lo cree incapaz de algo distinto a tenderse en el prado pensando en la inmortalidad del cangrejo.
Del don de hacerse fantasma Belarmo se apropia apenas nace, hasta convertirse en uno de los grandes expertos de su provincia en el tema. Miles de días hace el viaje entre su pueblo y Gijón, y miles también recorre el puerto al modo de esa forma de simple paisaje que las probas familias ven en las de pescadores, alarifes, asalariados de las fábricas.
Entonces una tarde en Lavandera su padre, Sandalio, se hace de palabras con un peón de las vías del ferrocarril, ambos se lían a golpes y Sandalio lleva las de perder hasta que el otro da en tierra repentinamente. Al caer queda a la vista el futuro Belarmo con la más grande piedra que le permiten coger sus nueve o diez años de edad, con la cual tundió al insolente.
Y es que el guaje, el niño, tiene ya aprendido de sobra el arte de la transfiguración. Bien lo sabrá la autoridad cuando tras la huelga general en 1917 lo busque sin éxito en la suerte de trampa que parece la cuenca minera gran escenario de su historia.
Del don de hacerse fantasma Belarmo se apropia apenas nace, hasta convertirse en uno de los grandes expertos de su provincia en el tema. Miles de días hace el viaje entre su pueblo y Gijón, y miles también recorre el puerto al modo de esa forma de simple paisaje que las probas familias ven en las de pescadores, alarifes, asalariados de las fábricas.
Entonces una tarde en Lavandera su padre, Sandalio, se hace de palabras con un peón de las vías del ferrocarril, ambos se lían a golpes y Sandalio lleva las de perder hasta que el otro da en tierra repentinamente. Al caer queda a la vista el futuro Belarmo con la más grande piedra que le permiten coger sus nueve o diez años de edad, con la cual tundió al insolente.
viernes, 22 de enero de 2016
Buscando al abuelo
Los cuadernos tendrán anexos. Uno de ellos saldrá de este libro virtual que hizo David Miranda o David Misan, sobre el publicado en 2008 por La semana negra de Gijón:
http://issuu.com/lavisiondelostorcidos/docs/belarminos
Es un trabajo hecho en cuatro meses para servir a que el gobierno asturiano se pronunciara por la recuperación de la memoria en un momento muy delicado. Abrir o no las fosas comunes, estaba en juego entonces.
Es un trabajo hecho en cuatro meses para servir a que el gobierno asturiano se pronunciara por la recuperación de la memoria en un momento muy delicado. Abrir o no las fosas comunes, estaba en juego entonces.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
De cómo los malditos pagan su culpa
En el Santo Lugar, nietos, había historias de los que llegaban y también de quienes se iban, si bien éstos eran rarísimos. Recordemos dos muy ilustrativas. Una la protagonizó nuestro conocido Sabio analfabeta. En la otra les presento a Guadalupe el Güitas.
La de llegada es de Nabor. Chamaco, quedó huérfano y en el pueblo un tipo aprovechó para traerlo de encargo. No pasaba día sin que encontrara la manera de burlarse de él. Hasta pasar la raya.
De única herencia Nabor tenía una burra a quien cuidaba como si fuera su hija. Se le ensarnó y la llevó junto al río a darle una friega que le recomendaron. El animal terminaba de secarse al sol cuando se acercó el malhora. Con aire de inocencia preguntó qué pasaba. Nuestro compañero le contó y él dio una receta infalible:
-Úntala con gasolina y préndele fuego.
Nabor era ingenuo pero no tanto y cansado de que le tomaran el pelo, agarró el cántaro más grande a la vista y amenazó lanzarlo. Con mal disimulada sorna el hombre fingió terror mientras pedía continuar el consejo, que no terminaba, claro, en la primera, bárbara parte:
-¡Cómo crees, si ya sé que así la burra se te muere! No, la cosa es que antes la pongas a la orilla del agua y, cuando salga la lumbre, la avientes.
-Ah –dijo quien estaba a punto de convertirse en obrero, y se dio a la labor. Ya que su única propiedad se echó a correr, ardiendo, despavorida, rumbo a la muerte, y el tipo soltó la carcajada, Nabor aprendió muchas cosas y decidió una: usar el cántaro. Tenía al otro semiagachado, de espaldas, y se lo dejó caer en la cabeza.
Ni volteó a mirar el resultado. Cogió rumbo a la carretera y con lo puesto subió al primer autobús que pasaba.
Así de “accidental” había sido la decisión de venirse a la ciudad de México, donde luego de una noche al amparo de una obra en construcción en la Raza, un albañil le recomendó buscar trabajo en Ecatepec.
Igualmente “azarosa” resultó la historia del Güitas para desaparecer.
Después de lo del dedo fue de viaje a su pueblo, como él mismo y otros hacían de vez en vez. En su caso yo imaginaba que el motivo era agarrar fuerza donde estaban sus recuerdos y se lo respetaba, para continuar la vida de la ciudad y sus alrededores, en los que una persona podía andar kilómetros sin que nada ni nadie lo reconociera, convertido en paisaje, digamos.
Si bien él no acostumbraba a perderse en ese anonimato, y salía muy poco de las dos docenas de manzanas en torno a su casa en la San Miguel, que eran una especie de extensión de sus rumbos en Zacatecas. Pero no había fábrica en la que hiciera huesos viejos y se incorporara de lleno a las cofradías de los compañeros de trabajo. Para nosotros eso tenía la virtud de ir dejando la semilla del descontento en muchos lados, cuyos frutos a ratos recogíamos luego.
No nos dábamos cuenta de que a pesar de lo seguido que hablábamos con él de cosas personales, fuera de Fidel, la Lombriz y sus demás paisanos, lo entendíamos muy poco.
Se fue de paseo al pueblo, pues, y a los quince días recibimos la noticia:
-Mató a dos.
Se intuía la violencia contenida en Guadalupe, ¿pero matar a alguien? ¿Dónde quedaba su esencial nobleza y el espíritu de justicia que no nos inventábamos había en él? ¿Dónde? Precisamente en los pormenores del suceso.
Corría el dinero fácil en el pueblo, cuando el tráfico de drogas resultaba cuestión de niños comparado con el de después, pero dejaba ya buenos dividendos. Eso hacía que todas las semanas hubiera juegos de naipes con montes que daban para vivir por meses a una familia. Los organizaba el par de narcos de la región.
Con ellos echó unas manos el Güitas. Al terminar, hasta el último peso sobre la mesa estaba del lado de él. Los malos, que lo eran de veras, sacaron las pistolas, y obligarlo a dejar la cosecha de horas de batallar contra sus trucos, les dio ocasión para cobrarse lo que realmente les dolía, y no el dinero, que podían reponer en un santiamén: el orgullo sobajado. De modo que, a la vista de los que habían abarrotado la cantina tras los rumores rápidamente esparcidos, se divirtieron de lo lindo humillando al de la San Miguel.
Fiel a los mismos principios de cuando armaba borlote en la fábrica, por un maltrato a su persona o a la de sus compañeros, Guadalupe fue a su casa y tomó el rifle. Con la paciencia y el olfato del buen cazador que había sido desde niño, se apostó en un árbol sobre el camino que los tipos debían recorrer.
Nunca más, hasta hoy, volvimos a verlo. Que estaba vivo se sabía por los chismes.
Quiera Dios así siga y lea esto.
La de llegada es de Nabor. Chamaco, quedó huérfano y en el pueblo un tipo aprovechó para traerlo de encargo. No pasaba día sin que encontrara la manera de burlarse de él. Hasta pasar la raya.
De única herencia Nabor tenía una burra a quien cuidaba como si fuera su hija. Se le ensarnó y la llevó junto al río a darle una friega que le recomendaron. El animal terminaba de secarse al sol cuando se acercó el malhora. Con aire de inocencia preguntó qué pasaba. Nuestro compañero le contó y él dio una receta infalible:
-Úntala con gasolina y préndele fuego.
Nabor era ingenuo pero no tanto y cansado de que le tomaran el pelo, agarró el cántaro más grande a la vista y amenazó lanzarlo. Con mal disimulada sorna el hombre fingió terror mientras pedía continuar el consejo, que no terminaba, claro, en la primera, bárbara parte:
-¡Cómo crees, si ya sé que así la burra se te muere! No, la cosa es que antes la pongas a la orilla del agua y, cuando salga la lumbre, la avientes.
-Ah –dijo quien estaba a punto de convertirse en obrero, y se dio a la labor. Ya que su única propiedad se echó a correr, ardiendo, despavorida, rumbo a la muerte, y el tipo soltó la carcajada, Nabor aprendió muchas cosas y decidió una: usar el cántaro. Tenía al otro semiagachado, de espaldas, y se lo dejó caer en la cabeza.
Ni volteó a mirar el resultado. Cogió rumbo a la carretera y con lo puesto subió al primer autobús que pasaba.
Así de “accidental” había sido la decisión de venirse a la ciudad de México, donde luego de una noche al amparo de una obra en construcción en la Raza, un albañil le recomendó buscar trabajo en Ecatepec.
Igualmente “azarosa” resultó la historia del Güitas para desaparecer.
Después de lo del dedo fue de viaje a su pueblo, como él mismo y otros hacían de vez en vez. En su caso yo imaginaba que el motivo era agarrar fuerza donde estaban sus recuerdos y se lo respetaba, para continuar la vida de la ciudad y sus alrededores, en los que una persona podía andar kilómetros sin que nada ni nadie lo reconociera, convertido en paisaje, digamos.
Si bien él no acostumbraba a perderse en ese anonimato, y salía muy poco de las dos docenas de manzanas en torno a su casa en la San Miguel, que eran una especie de extensión de sus rumbos en Zacatecas. Pero no había fábrica en la que hiciera huesos viejos y se incorporara de lleno a las cofradías de los compañeros de trabajo. Para nosotros eso tenía la virtud de ir dejando la semilla del descontento en muchos lados, cuyos frutos a ratos recogíamos luego.
No nos dábamos cuenta de que a pesar de lo seguido que hablábamos con él de cosas personales, fuera de Fidel, la Lombriz y sus demás paisanos, lo entendíamos muy poco.
Se fue de paseo al pueblo, pues, y a los quince días recibimos la noticia:
-Mató a dos.
Se intuía la violencia contenida en Guadalupe, ¿pero matar a alguien? ¿Dónde quedaba su esencial nobleza y el espíritu de justicia que no nos inventábamos había en él? ¿Dónde? Precisamente en los pormenores del suceso.
Corría el dinero fácil en el pueblo, cuando el tráfico de drogas resultaba cuestión de niños comparado con el de después, pero dejaba ya buenos dividendos. Eso hacía que todas las semanas hubiera juegos de naipes con montes que daban para vivir por meses a una familia. Los organizaba el par de narcos de la región.
Con ellos echó unas manos el Güitas. Al terminar, hasta el último peso sobre la mesa estaba del lado de él. Los malos, que lo eran de veras, sacaron las pistolas, y obligarlo a dejar la cosecha de horas de batallar contra sus trucos, les dio ocasión para cobrarse lo que realmente les dolía, y no el dinero, que podían reponer en un santiamén: el orgullo sobajado. De modo que, a la vista de los que habían abarrotado la cantina tras los rumores rápidamente esparcidos, se divirtieron de lo lindo humillando al de la San Miguel.
Fiel a los mismos principios de cuando armaba borlote en la fábrica, por un maltrato a su persona o a la de sus compañeros, Guadalupe fue a su casa y tomó el rifle. Con la paciencia y el olfato del buen cazador que había sido desde niño, se apostó en un árbol sobre el camino que los tipos debían recorrer.
Nunca más, hasta hoy, volvimos a verlo. Que estaba vivo se sabía por los chismes.
Quiera Dios así siga y lea esto.
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Un día dije que el abuelo me guió al Santo
Lugar. Es verdad de una cierta manera. A la familia de él, a mi madre y la
abuela, y a su gente debo la esperanzadora, afanosa búsqueda de raíces como las
de ellos, quienes sin faltar sábado de mi infancia asaltaban con cantares y
anécdotas a carcajada limpia el hogar donde crecía, probando cuán rica era la
vida del pueblo al asumirse plenamente, en tanto presente, pasado y promesa de
futuro. Para entonces el abuelo había muerto.
Antes de llegar a tierras de Nabor y el Güitas
pasé el fantástico, apretado año en el cual conocí a Filiberto, a Cristina,
Malaquías y muchos más en los rincones del país oculto a los discursos públicos. Nada se resistiría a ese
portentoso erguirse de los condenados de la
tierra, que volvía el mundo al revés.
Juré no apartarme jamás de ellos y así fui a
dar al Santo Lugar, en las afueras de mi ciudad. Me llevaba no lo que a mis
compañeros de origen universitario con los cuales hacía el camino, quienes se
comprometían exlusivamente por razones políticas.
Al poco fui su formal representante allí y
defendí luego la plaza a capa y espada, mientras otros iban y venían. Cada vez
más el Grupo se descomponía por el diario roce con el poder y terminaría
proponiendo cosas absurdas para esos barrios obreros y sus zonas industriales.
Pretendían que el Sabio Analfabeta y los otros, hombres todos, se les incorporan
a título de cuadros políticos de vago proyecto, en reuniones en las cuales cada
vez más privaba lenguaje y una visión de la sociedad y de sí mismos, por
completo ajenos a ellos. ¿Y las familias, tan o más importantes, y la intimidad
de nuestras relaciones, que convertían a Agustín y a Simón el Grillo en mi
compadre y mi “comadre”, como testigos en el registro de nacimiento de Él? ¿Y
las tardes de billar o las escapadas a los tugurios con el Jarocho o con Pedros
y sus compañeros, prohibidas por “la moral revolucionaria”?
Nada tenía que ver con tamañas desmesuras
cuando en los hechos el Grupo olvidó el lugar.
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